Tal vez la palabra tiempo pueda ser clave en muchos de
los interrogantes que se puedan plantear a la hora de hablar del hábito lector
en los adolescentes. Cuando hablo con los chavales, en muchas ocasiones echan
la culpa a la falta de tiempo como motivo para explicar o justificar sus
limitaciones lectoras; y es que aunque no haya realmente muchas ocupaciones
ineludibles en sus vidas, la realidad es que están bombardeados por cantidad de
estímulos que les hacen sentir que no tienen tiempo para todo.
A esto debemos añadir, que muchas de sus actividades
vienen gobernadas, por la celeridad e inmediatez, lo cual les lleva a la
búsqueda de actividades cuya realización sea rápida; lo lento y pausado les
resulta cansino.
Estas circunstancias están detrás, pienso, de sus lecturas
aceleradas, superficiales, en donde parece haber una prisa tirana por alcanzar
el objetivo final, sea este el desenlace de un argumento o el hallazgo de una
determinada información; pasan páginas de la misma manera que aprietan el botón
de paso rápido de un vídeo. Sin olvidar que los nuevos formatos lectores les
llevan a simultanear la lectura con otros menesteres como son la atención a
redes sociales.
Todas estas circunstancias podrían explicar al menos en
parte realidades tales como la incapacidad para terminar una lectura, la
pérdida no solo de detalles interesantes sino hasta de cuestiones fundamentales
de una lectura, la elección en absoluto rigurosa ni contrastada de una
determinada información buscada,…
Ante esto, creo que uno de los retos que se presentan podría
ser tratar de recuperar con ellos tiempos para una lectura reflexiva, pausada y
comprensiva. Poe ello, en mi día a día profesional, trato de recuperar momentos
para la lectura conjunta y pública, buscando permanentemente interrogarlos
sobre el significado, el sentido, la importancia de tal o cual afirmación, la
relación con sus propias vidas,...
En esta línea de trabajo las temáticas a ofrecerles para
sus lecturas pueden y deben ser muy variadas, desde la fantasía ambientada en
un pasado remoto, a las temáticas más cercanas a sus problemáticas como
adolescentes; pero sobre todo tratando de respetar su derecho a elegir y formar
su propio criterio lector.
Y ya por último, en cuanto a los retos, aunque ya he
esbozado por donde irían en relación a la falta de tiempo, creo que es
fundamental el trabajo del enriquecimiento del vocabulario, ya que cada vez se
está convirtiendo en uno de los principales obstáculos que se encuentra el
alumnado a la hora de enfrentarse a la tarea lectora.

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